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La intolerancia a la lactosa es la incapacidad de digerir un azúcar llamado lactosa, que se encuentra principalmente en la leche y en los productos lácteos.
Normalmente, el intestino delgado produce una enzima llamada lactasa, que descompone la lactosa en dos azúcares simples, la glucosa y la galactosa, que pueden ser absorbidas en la corriente sanguínea. Cuando el organismo no produce suficiente lactasa, la lactosa no es digerida en su totalidad, lo cual puede causar un malestar leve o severo.
Algunas personas tienen una tendencia mayor a padecer intolerancia a la lactosa. Entre ellos se incluyen los hispanos, asiáticos, afroamericanos y descendientes de judíos. También afecta más a los adultos que a los niños, ya que el organismo produce menos enzima lactasa a medida que las personas envejecen.
Estos síntomas pueden ser desde leves a severos, dependiendo de la cantidad de lactosa consumida y el grado de deficiencia de lactasa. Algunas personas que producen poca cantidad de lactasa podrían tolerar porciones pequeñas de lácteos y otros alimentos que contienen lactosa. Los síntomas aparecen en cualquier momento a partir de los 30 minutos y hasta dentro de las dos horas después de haber ingerido lácteos.
La intolerancia a la lactosa puede ser difícil de diagnosticar solamente a través de los síntomas, ya que existen otras afecciones que producen síntomas similares. La mejor forma de confirmar esta afección es a través de pruebas formales. Y si resultara que no eres intolerante a la lactosa, las pruebas podrían revelar otras afecciones que te pueden estar causando malestares.
La prueba de autodiagnóstico más común para medir la absorción de lactosa en el sistema digestivo es la prueba de digestión de lácteos. Si esta prueba indica que podrías sufrir de intolerancia a la lactosa, deberías confirmar el diagnóstico con tu doctor.